30 de mayo de 2009

Quienquiera que hayas sido


“El universo de esta noche

tiene la vastedad del olvido

y la precisión de la fiebre.”


Jorge Luis Borges en Insomnio





La insistencia pasa por el hecho que no logra referirnos nada novedoso; lo atraviesa como quien ingresa por enésima vez en el almacén de los peces y las futilidades de gran relevancia procurando vislumbrar alguna variedad en los precios, en los envases, en las promociones que suelen estampar los proveedores en las vidrieras o escaparates de cartón piedra que nos atraen.


Todo entra por los ojos: tu cuerpo, mi imagen sobre tu cuerpo, el mío frente a un espejo, tu imagen sobre mi cuerpo, y también las acepciones triple x de las actuales figuraciones. Incluso entra por los ojos la piedrita que nos hace caer una lágrima mientras vemos I am Sam con nuestros padres o amigos. Todo esto ocurre en aquel nivel descrito o presentado mediante la conformación grave de cuatro fonemas (también granemas): amor.


El amor es adquirible. Puede vérselo canturreando siempre la misma canción en bares ajenos a nuestra memoria, ignotos aún a nuestra decisión; extrañísimas moradas que hoy usurpan la alegría para recordármela por las noches –léase: en los momentos del día en los que concilio el sueño-, y yo concibo a la alegría como una gran publicidad, un gran afiche de cartel: vente conmigo; sé que no sabes quién soy.


El amor es adquirible; pero no mediante el dinero. Imagino, pero sólo de a momentos, que es inaccesible, además, a las desencriptaciones de lo críptico. Por lo demás, con frecuencia, de tan descriptible, me vuelvo simple. Y no sé qué más pretendes que exprese; no sé esconderte en falsas ocupaciones. Puede ser que uno de estos días llegues a ser, después de todo lo cantado, Nadie. O llegues a ser la única duda inexplicada.